Ayuntamiento de Santa Cruz de la Zarza Teléfono: 925 12 51 81

En un periódico de los años 50 leí un artículo sobre Santa Cruz de la Zarza y su historia, se narraba por un viajero que llegaba en tren y describía nuestro pueblo así:

"Santa Cruz es manchego, pero no tanto como quiere el mapa. La llanura de la Mesa de Ocaña llega hasta las mismas casas del pueblo con todas sus características, pero a partir de las casas, y por mucho que se empeñe la cal, Santa Cruz es otra cosa. Yo, diría que es un paisaje de transición, la llanura se riza ya en suavidades carnales, se aúpa en las colinas terrosas y se anima, en ocres serenos, rojos vivos, blancos de plata oxidada y ya campa por sus respetos de olivo verdeando los vallejos o despeinando las lomas. Y hacia el sur, rompiendo la monotonía de las tierras blancas, hay alamedas y viñedos que en ningún momento han perdido su vigencia. Desde el altozano en que se asienta la Parroquia de Santiago hallarán los pintores un incentivo único para su paleta.

El pueblo, es un conglomerado de casas más bien bajas al que parte en dos un barranco que llaman de San Juan y es calle. Las casas suben o se derraman por las vertientes en teoría de un barrio moruno. Sobre cada promontorio, una iglesia; en uno la de San Miguel Arcángel, y todavía más en alto, la de Santiago Apóstol. Luego hay cien veletas sobre otros tantos chapiteles; son las de los conventos, viejos palacios y mansiones hidalgas que le hablan a usted de que por aquí pasó el viento de nuestra mejor historia y dejó su huella..."

Texto sacado de la introducción a “Los Legados de la Tierra”
Juan Pedro Yunta Manzanares

Archivero Municipal

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Ruta de los escudos: Salida desde la Casa de las 2 puertas, C/Chacón, Casa Cézar y Convento de los Trinitarios. Para acabar en una cueva del S.XVI.

Ruta Monumental: Salida desde la ermita de San Pedro, Convento de los Trinitarios, Iglesia de Santiago y Glorieta, Ayuntamiento y Plaza, Calle Mayor y portadas, Iglesia de San Miguel, El Encaño y la Fuente de los Caños. Para terminar en la Chimenea Gorda y casas-cueva, en el Bario de Santa Lucia.

Cu nam labores lobortis definiebas, ei aliquyam salutatus persequeris quo, cum eu nemore fierent dissentiunt. Per vero dolor id, vide democritum scribentur eu vim, pri erroribus temporibus ex. Euismod molestie offendit has no. Quo te semper invidunt quaestio, per vituperatoribus sadipscing ei, partem aliquyam sensibus in cum.

Eam ex integre quaeque bonorum, ea assum solet scriptorem pri, et usu nonummy accusata interpretaris. Debitis necessitatibus est no. Eu probo graeco eum, at eius choro sit, possit recusabo corrumpit vim ne. Noster diceret delicata vel id.

At quaeque adversarium ius, sed at integre persius verterem. Sit summo tibique at, eam et fugit complectitur, vis te natum vivendum mandamus. Iudico quodsi cum ad, dicit everti sensibus in sea, ea eius paulo deterruisset pri. Pro id aliquam hendrerit definitiones. Per et legimus delectus.

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Contamos, en Santa Cruz de la Zarza, con dos iglesias construidas en la misma época, hacia el año 1180-1185. La iglesia de San Miguel Arcángel (siglos XVI-XVII), de estilo renacentista y barroco, y la iglesia de Santiago Apóstol (siglo XVI), de estilo renacentista, además de varias ermitas, siendo algunas de ellas:

La de la Virgen de la Paz (antigua ermita de nuestra Sra. del Villar que data del siglo XVI), situada a las afueras del pueblo, a unos 2,5 km al oeste, y a la que se realiza una romería en el mes de mayo. La de San Pedro, datada en el siglo XVII dentro del casco urbano. La Ermita de Santa Gema, que se encuentra también como a 1,5 km hacia el este, en un lugar conocido popularmente como el Sepulcro. La de Santa Lucia, situada en uno de los barrios más antiguos de la villa. La de Villaverde, conocida en el siglo XVIII, aunque con toda seguridad es anterior, situada a unos 11 km del pueblo. Y otras en las que destacan sus celebraciones, como la Ermita de San Antón, a la que se acercan muchos de los vecinos y vecinas de nuestro pueblo con sus mascotas cada 17 de enero, la Ermita de San Cristobal con su verbena cada segundo sábado de julio y la de la Virgen de Los Remedios donde los “hermanos” de esta Virgen festejan a primeros de septiembre.

Por último, y no menos importante, el antiguo Convento de los Trinitarios, fundado en 1678 y agrandado en el año 1680, de él solo quedan las ruinas. Como curiosidad se puede decir que el compositor de “El Barberillo de Lavapiés”, Francisco Asenjo Barbieri, fue lego en este convento durante tres años.

Fuera ya del Patrimonio religioso tenemos, en Santa Cruz de la Zarza también, el Arco de la Villa, vestigio de la antigua muralla que rodeaba el pueblo. No se tienen noticias exactas de su edificación, aunque se supone que es una de las puertas del antiguo recinto amurallado que albergó el pueblo en su día.

Fuente de Los Caños, obra hidráulica tradicional con caños y lavaderos, donde acudían antaño las mujeres de la villa a lavar la ropa, tradición que aún hoy día hay quien la mantiene.

El Encaño es una conducción de aguas subterráneas del siglo XVI que discurre bajo tierra desde la Calle la Zanja hasta la Fuente de los Caños.

Casas Cueva, algunas de ellas todavía habitadas, alineadas a lo largo de las pendientes de Santa Cruz de la Zarza, destacan por sus fachadas encaladas y la chimenea que asoma con su forma cónica, destacando alguna con un volumen sorprendente, llamada la Chimenea Gorda.

Y para finalizar, en el casco urbano de nuestro municipio se encuentran las Casas Solariegas Emblasonadas; numerosas casas-palacio solariegas con abundantes escudos señoriales. Algunas de ellas son:

La Casa de los Diez Hidalgos (convertida en casa museo), La Casa del Gallo, con portada barroca, que recibe su nombre de la veleta situada en su torre. También hay varias casas de estilo churrigueresco en la Calle Chacón, como la Casa Chacón y la Casa de José Sierra. En la Calle Mayor están ubicadas la Casa de los señores Gómez Rodríguez Monje, que también posee una torre y la casa de Díaz Cézar, del siglo XVII, de aparejo toledano y arquería sobre portón de carruajes y elementos decorativos adosados a la fachada. La casa de las Cadenas, que fue una hospedería o posada, que tuvo derecho de asilo con el Toisón de Oro y se encuentra en la parte trasera de la Iglesia de San Miguel Arcángel. Hay, además, alguna casa solariega más, como la Tercia, convertida en mesón.

Todo esto, entre otras cosas, se puede encontrar visitando las calles de nuestra localidad.

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foto primeraAMALIA AVIA PEÑA

Nació en Santa Cruz de la Zarza, Toledo, el 23 de abril de 1930. Pasó su infancia y juventud en el Madrid de la guerra y post-guerra civil española que marcó su vida y su obra pictórica.

Comenzó su formación artística en el estudio de Eduardo Peña en la década de 1950. Posteriormente realizó su formación oficial en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en donde coincidió con muchos de los grandes pintores de su generación, entre ellos Lucio Muñoz, que fue su marido, con Carmen Laffon, y Antonio López, entre otros.

Su primera exposición individual la realiza en Madrid en la galería “Fernando Fe”, y expone en numerosas muestras sobre el realismo español por todo el mundo.

En 1997 le fue concedida la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid, tras la Exposición Antológica que realizó en el Centro Cultural de la Villa de Madrid.

Su pintura de corte realista, tiene como tema fundamental las calles de Madrid, en sus primeros años, en la década de 1980 comenzó a pintar también interiores.

En su primera época su obra denota un carácter más social, aunque la figura humana irá paulatinamente desapareciendo de sus pinturas. La propia pintora reconoció en diversas ocasiones que la suya “no es una pintura hiperrealista, que no busca la perfección técnica, sino ser capaz de reflejar la huella de lo humano, de esas vidas anónimas que tanto le atraen”.

En la década de 1980 comenzó también a pintar interiores, siempre captados con la misma atmósfera personal y subjetiva que caracteriza toda su pintura.

Muchos e importantes personajes de la cultura han escrito sobre ella, Camilo José Cela dijo: “Amalia Avia que es la pintora de las ausencias, la amarga cronista del “por aquí pasó la vida marcando su amargura e inevitable huella de dolor”.

Su obra está representada en numerosos museos, colecciones públicas y privadas, entre ellos: Colección Municipal del Ayuntamiento de Santa Cruz de la Zarza, los Museos de Arte Contemporáneo de Madrid y Toledo, la Fundación Juan March, la Galería Nacional de Sofía (Bulgaria), los museos de Vitoria, León, Elche, Winterthur, Santa Cruz de Tenerife y Vilafamés, el Museo de la Solidaridad y la Residencia Salvador Allende en Chile, el Museo Municipal de Madrid, el Museo Extremeño de Arte Contemporáneo en Cáceres y las colecciones del Chase Manhattan Bank, el Banco Hipotecario, el Hispano Americano, el Banco de España y la Unión Española de Explosivos. Murió el 30 de marzo de 2011, en Madrid. -

Información obtenida de: http://trianarts.com/mujeres-pintoras-el-madrid-de-amalia-avia/#sthash.xDrrfTWm.dpbs

"Obras de Amalia Avia de la Colección de la Colección Municipal"


     Es un verdadero acontecimiento que el Ayuntamiento de Santa Cruz de la Zarza, el toledano lugar natal de Amalia Avia, le dedique este fraternal homenaje que su ilustre artista se merecía desde hace mucho tiempo. La obra de esta pintora, adoptada con tanta pasión por el paisaje urbano madrileño, tiene desde ahora un espacio propio de serena contemplación en el corazón de su tierra, y muy cerca también del corazón de todos sus paisanos.

     Para ello se han elegido, como primer núcleo de una muestra permanente dispuesta a crecer en el futuro, una importante colección de sus mejores grabados, el aspecto más íntitmo de su producción artística, con los que el espectador puede establecer a partir de hoy un diálogo tan personal como entrañable.

     Los grandes temas de su pintura están también en estas aguafuertes que retratan con maestría las zonas más humildes de lo cotidiano, esos espacios reservados de los interiores, y también el mundo de laz calle con sus personajes más sencillos.

     Mirar Madrid es siempre un ejercicio apasionadamente retrospectivo para una artista como Amalia Avia, que ha dedicado gran parte d3e su ya larga y fructífera obra pictórica a buscar sus rincones más típicos, aquellos que por un milagro se han salvado de las inclemencias del progreso. Buscadora de viejas fachadas rancias, de frentes de comearcios antiguos y condenados a la desaparición, nuestra pintora no ha cesado de darnos esas imágenes melancólicas y desgastadas que con su supervivencia evocan una ciudad fantasmal en vías de extinción.

     Es Amalia Avia pintora de los hjábiles pinceles, devotos de la minucia, del detalle, la que no quiere dejarse vencaer por ese tiempo inmisericorde que nos va borrando los recuerdos, cegando la vida de los amigos, destruyendo una a una nuestras refeerencias mas quewridas. Ese sentimiento del arte como duración es más fuerte en ella que las calamidades de la realidad, por eso su voluntarioso realismo, se va transformando cada día más a¡en un coruioso realismo onírico. Así, sus paisajes urbanos de Madrid, o de una prodigiosa esquina de la ciudad portuguesa de Braga puyedes parecernos ya escenas minuciosamente robadas a los sueños.

     Lavapiés, Tetuán de las Victorias, portales cenicientos del centro histórico, lugares y muros tatuados por los grafitis de nuestros hijos anarquistas, tienes es la decrepitud, del padre que se mira en el espejo con los ojos aún muy jóvenes y que se niega a creer en la vejéz, en las garras de león del tiempo.

     Amalia Avia pinta esa desolada nobleza de los paisajes urbanos más modestos, y lo hace siempre con un colorido discreto que huye tanto de la estridencia como sus temas lo hacen de la mera anécdota. Que cada uno de sus espectadores ponga la historia que quiera, que la imagine, que deja correr sus propia memoria. Sus cuadros saben ser así con probada honradez los catalizadores mudos de una emociones ajenas. Y en esa acendrada tradición del pudor castellano, Amalia pinta y calla.

                                              Marcos-Ricardo Barnatán

 

                                          Crítico de Arte del Diario El Mundo