Ayuntamiento de Santa Cruz de la Zarza Teléfono: 925 12 51 81

Ruta de los escudos: Salida desde la Casa de las 2 puertas, C/Chacón, Casa Cézar y Convento de los Trinitarios. Para acabar en una cueva del S.XVI.

Ruta Monumental: Salida desde la ermita de San Pedro, Convento de los Trinitarios, Iglesia de Santiago y Glorieta, Ayuntamiento y Plaza, Calle Mayor y portadas, Iglesia de San Miguel, El Encaño y la Fuente de los Caños. Para terminar en la Chimenea Gorda y casas-cueva, en el Bario de Santa Lucia.

foto primeraAMALIA AVIA PEÑA

Nació en Santa Cruz de la Zarza, Toledo, el 23 de abril de 1930. Pasó su infancia y juventud en el Madrid de la guerra y post-guerra civil española que marcó su vida y su obra pictórica.

Comenzó su formación artística en el estudio de Eduardo Peña en la década de 1950. Posteriormente realizó su formación oficial en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en donde coincidió con muchos de los grandes pintores de su generación, entre ellos Lucio Muñoz, que fue su marido, con Carmen Laffon, y Antonio López, entre otros.

Su primera exposición individual la realiza en Madrid en la galería “Fernando Fe”, y expone en numerosas muestras sobre el realismo español por todo el mundo.

En 1997 le fue concedida la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid, tras la Exposición Antológica que realizó en el Centro Cultural de la Villa de Madrid.

Su pintura de corte realista, tiene como tema fundamental las calles de Madrid, en sus primeros años, en la década de 1980 comenzó a pintar también interiores.

En su primera época su obra denota un carácter más social, aunque la figura humana irá paulatinamente desapareciendo de sus pinturas. La propia pintora reconoció en diversas ocasiones que la suya “no es una pintura hiperrealista, que no busca la perfección técnica, sino ser capaz de reflejar la huella de lo humano, de esas vidas anónimas que tanto le atraen”.

En la década de 1980 comenzó también a pintar interiores, siempre captados con la misma atmósfera personal y subjetiva que caracteriza toda su pintura.

Muchos e importantes personajes de la cultura han escrito sobre ella, Camilo José Cela dijo: “Amalia Avia que es la pintora de las ausencias, la amarga cronista del “por aquí pasó la vida marcando su amargura e inevitable huella de dolor”.

Su obra está representada en numerosos museos, colecciones públicas y privadas, entre ellos: Colección Municipal del Ayuntamiento de Santa Cruz de la Zarza, los Museos de Arte Contemporáneo de Madrid y Toledo, la Fundación Juan March, la Galería Nacional de Sofía (Bulgaria), los museos de Vitoria, León, Elche, Winterthur, Santa Cruz de Tenerife y Vilafamés, el Museo de la Solidaridad y la Residencia Salvador Allende en Chile, el Museo Municipal de Madrid, el Museo Extremeño de Arte Contemporáneo en Cáceres y las colecciones del Chase Manhattan Bank, el Banco Hipotecario, el Hispano Americano, el Banco de España y la Unión Española de Explosivos. Murió el 30 de marzo de 2011, en Madrid. -

Información obtenida de: http://trianarts.com/mujeres-pintoras-el-madrid-de-amalia-avia/#sthash.xDrrfTWm.dpbs

"Obras de Amalia Avia de la Colección de la Colección Municipal"


     Es un verdadero acontecimiento que el Ayuntamiento de Santa Cruz de la Zarza, el toledano lugar natal de Amalia Avia, le dedique este fraternal homenaje que su ilustre artista se merecía desde hace mucho tiempo. La obra de esta pintora, adoptada con tanta pasión por el paisaje urbano madrileño, tiene desde ahora un espacio propio de serena contemplación en el corazón de su tierra, y muy cerca también del corazón de todos sus paisanos.

     Para ello se han elegido, como primer núcleo de una muestra permanente dispuesta a crecer en el futuro, una importante colección de sus mejores grabados, el aspecto más íntitmo de su producción artística, con los que el espectador puede establecer a partir de hoy un diálogo tan personal como entrañable.

     Los grandes temas de su pintura están también en estas aguafuertes que retratan con maestría las zonas más humildes de lo cotidiano, esos espacios reservados de los interiores, y también el mundo de laz calle con sus personajes más sencillos.

     Mirar Madrid es siempre un ejercicio apasionadamente retrospectivo para una artista como Amalia Avia, que ha dedicado gran parte d3e su ya larga y fructífera obra pictórica a buscar sus rincones más típicos, aquellos que por un milagro se han salvado de las inclemencias del progreso. Buscadora de viejas fachadas rancias, de frentes de comearcios antiguos y condenados a la desaparición, nuestra pintora no ha cesado de darnos esas imágenes melancólicas y desgastadas que con su supervivencia evocan una ciudad fantasmal en vías de extinción.

     Es Amalia Avia pintora de los hjábiles pinceles, devotos de la minucia, del detalle, la que no quiere dejarse vencaer por ese tiempo inmisericorde que nos va borrando los recuerdos, cegando la vida de los amigos, destruyendo una a una nuestras refeerencias mas quewridas. Ese sentimiento del arte como duración es más fuerte en ella que las calamidades de la realidad, por eso su voluntarioso realismo, se va transformando cada día más a¡en un coruioso realismo onírico. Así, sus paisajes urbanos de Madrid, o de una prodigiosa esquina de la ciudad portuguesa de Braga puyedes parecernos ya escenas minuciosamente robadas a los sueños.

     Lavapiés, Tetuán de las Victorias, portales cenicientos del centro histórico, lugares y muros tatuados por los grafitis de nuestros hijos anarquistas, tienes es la decrepitud, del padre que se mira en el espejo con los ojos aún muy jóvenes y que se niega a creer en la vejéz, en las garras de león del tiempo.

     Amalia Avia pinta esa desolada nobleza de los paisajes urbanos más modestos, y lo hace siempre con un colorido discreto que huye tanto de la estridencia como sus temas lo hacen de la mera anécdota. Que cada uno de sus espectadores ponga la historia que quiera, que la imagine, que deja correr sus propia memoria. Sus cuadros saben ser así con probada honradez los catalizadores mudos de una emociones ajenas. Y en esa acendrada tradición del pudor castellano, Amalia pinta y calla.

                                              Marcos-Ricardo Barnatán

 

                                          Crítico de Arte del Diario El Mundo

 

 

 

Durante la Prehistoria la mayor parte del término de Santa Cruz estaba ocupado por un gran monte de encinas y quejigos (tierras de arriba) del que aún quedan restos en pie y cuya extensión original ha quedado reflejada en la toponimia con nombres como Mueda (Moheda, del árabe: bosque espeso, bosque oscuro) y Monte Viejo. Por entonces los grupos humanos preferían las cárcavas y arroyos de la Fosa del Tajo (tierras de abajo). Un lugar de especial predilección fue el arroyo de la Cañada Blanca, conocido como arroyo del Cambrón en su cauce medio y bajo. En torno a la su cabecera se desarrollaron poblados Calcolíticos (Edad del Cobre) y de la Edad del Bronce (2.500-800 a.C.), por los cerros de La Avispa y el Gramón. Conocemos después en la Fuente de la Calzada un poblado de la Edad del Hierro y sobre él una villa romana donde se han hallado restos de varias colmenas. El poblamiento visigodo y árabe se desplazó un poco hacia Los Villarejos, hasta que los cristianos establecieron el pueblo de Santa Cruz en su actual emplazamiento y la zona quedo abandonada. Pero entre la tierra se conservan los restos de casi 4.000 años de asentamientos humanos.

Aguas abajo, en el mismo arroyo, encontramos el Puente del Cambrón, construido sobre el arroyo y por el que pasa la Cañada Real Soriana. Se utilizó como contadero de ovejas cuando los ganados trashumantes cruzaban estas tierras. Junto al puente está el Cerro Moro donde se levantó un pequeño poblado de los tiempos en que los romanos estaban conquistando Hispania (siglo II a.C.). Y un poco más abajo nos encontramos el impresionante lugar de la Peña de la Muela o Villarte, recinto fortificado de la Segunda Edad del Hierro (siglos IV-II a.C.). En la propia Peña de la Muela existió una pequeña atalaya de la Edad del Bronce y al otro lado del arroyo, en torno al Pilón de las Castellanas, se extendía un asentamiento Calcolítico, de la Edad del Bronce y del Hierro (2.500-350 a.C.) muy extenso.

En la desembocadura del arroyo en la vega encontramos una pequeña atalaya de la Edad del Bronce en un cerro sobre el Arroyo de las Salinas, y a su derecha, frente a Buenamesón, otra atalaya, esta vez fortificada con foso y muralla. Sobre los cerros de los escarpes que dominan la vega del Tajo, crecieron numerosos asentamientos Calcolíticos y de la Edad del Bronce, sin duda porque la vega del río tenía un enorme atractivo para muchas especies de animales y la caza constituía aún una parte importante de la subsistencia para los grupos humanos.

A la izquierda aún se pueden ver los restos del castillo de Alboer, en el paraje de Valdepedro, dominando el frente de escarpe sobre la vega. Este pequeño castillo fue construido en el siglo IX por los musulmanes como parte de una línea defensiva frente a los cristianos, de la que formaban parte otros castillos mayores como el de Oreja y el de Alharilla, utilizando el río Tajo a modo de "foso" de los castillos. El castillo de Alboer fue la primera tierra conquista por lo cristianos y se otorgó a Santa Cruz por Privilegio real a mediados del siglo XIII. Un capricho a la hora de colocar los hitos entre las provincias de Madrid y Toledo a fines del siglo XIX, dejó al castillo dentro del término de Villamanrique de Tajo. Un poco más a su izquierda quedan algunos restos de la ermita de Villaverde, que era la iglesia de una aldea medieval también perteneciente s Santa Cruz. En las tierras de la vega de La Barca y la presa de Villaverde, crecieron sendas villas romanas aprovechando los terrenos más fértiles.

Una calzada romana que unía las ciudades de Toledo y Segóbriga cruzaba nuestro término de Este a Oeste. Su trazado coincide con el llamado Camino de Ocaña y Camino de Tarancón. Sobre una fuente creció un pequeño asentamiento romano al lado de esta calzada, y después existió una aldea musulmana y después cristiana, conocida con el nombre de Villar de Saúco. De ella queda una iglesia convertida desde hace siglos en ermita a donde los santacruceros acuden cada segundo domingo de Mayo con el hornazo en las alforjas (bueno, eso era antes). Esta calzada corría por las tierras próximas a los llanos de la mesa porque es en ellas donde afloran las fuentes y manantiales. Ya hemos visto la importancia del agua en la zona de la Fuente de la Calzada (por donde pasaba la calzada romana) y el Gramón, lugares con buenos manantiales ocupados por el hombre desde hace milenios.

No lejos de esta calzada, junto al Cerro de las Letras, se levantó otro asentamiento de la Edad del Bronce, que pervivió durante varios siglos. El propio nombre del cerro nos informa de la posible existencia de grabados o pinturas en las piedras. Además de los cerámicos, se halló en el lugar una pequeña piedra plana y pulida con agujeros que era un brazal de arquero, o refuerzo que se ponían en la parte interior de la muñeca al disparar las flechas.

Aunque se conocen algunos pequeños asentamientos de la Edad del Bronce en torno a los arroyos de Testillos y del Robledo, no será hasta la Edad del Hierro (desde el siglo VIII al II a.C.) cuando grupos humanos se asienten en las tierras al sur del pueblo. Es conocido el lugar de Las Esperillas porque allí se realizaron unas excavaciones en la década de 1980. Se encontró una necrópolis (cementerio) de incineración con enterramientos de los siglos VII al III a.C. la costumbre entonces era la de quemar los cadáveres en una pira de leña y guardar una parte de los huesos quemados dentro de vasijas de cerámica o urnas, junto con algún adorno, arma o herramienta de especial significación para el difunto. También se hallaron restos de un poblado romano que se levanto sobre el antiguo de la Edad del Hierro. Lamentablemente estos descubrimientos no han visto la luz en su totalidad, ni parece que exista mucho respeto por el lugar, en donde cada año se labra más terreno inculto destruyendo los restos arqueológicos.

Aún hubo otro poblado de la Edad del Hierro en nuestro término, justo en la esquina sur, junto al arroyo de Testillos. También allí creció después una aldea romana y algo de población debió quedar pues tras la reconquista se da a poblar a 6 pobladores cristianos. Curiosamente por allí pasa también la misma Cañada Real Soriana Oriental. El tráfico de ganados debió ser muy fluido porque en ese lugar a finales del XVI o principios del XVII se edificó una venta conocida por el nombre de su dueño: Juan Cano.

Sobre los 3 poblados de la Edad del Hierro: Fuente de la Calzada, Esperillas y Venta de Juan Cano, se levantaron aldeas romanas, no así en Villarte, porque este era un lugar amurallado. En la Edad del Hierro se construyen ya poblados con casas a base de zócalos de piedra y paredes de adobe. La vida en estos poblados se prolonga durante siglos y la tecnología del hierro permite el desarrollo de herramientas para labrar mejor los campos, herramientas que en muchos casos son parecidas a las que utilizaron nuestros abuelos, pero también armas. Estas nuevas armas junto con la doma del caballo que llega a estas tierras hacia el siglo IX-VIII a.C., favorecen el desarrollo de la guerra, forjando una sociedad aristocrática dominada por los guerreros a caballo. Por esa razón los poblados se amurallan.

Pero todo cambiará con la llegada de los cartagineses. En el año 220 a.C. el general Aníbal con un gran ejército atraviesa las tierras de los carpetanos (estas tierras) y se dirige a saquear Salamanca. A su vuelta, los carpetanos se enfrentan a él y... pierden. En los años siguientes muchos poblados amurallados serán destruidos y nunca más ocupados. Estamos en la Segunda Guerra Púnica que enfrentó a cartagineses y romanos y uno de cuyos escenarios más importantes fue la Península Ibérica. Tras la victoria de los romanos éstos conquistaron Hispania, y volvieron a levantar ciudades y pueblos donde los hubo antes: Fuente de la Calzada, Esperillas y Venta de Juan Cano, además cambiaron por completo las formas de vida. Los pueblos estaban unidos por caminos empedrados, el agua se traía con acueductos, las casas se construían con nuevos materiales como cemento y hormigón y los tejados se hacían con tejas. Había además fuentes desagües en muchas casas.

Tras la desaparición de la civilización romana, los visigodos (bárbaros del norte) ocuparían estas tierras. Sabemos que existió un pueblo en Los Villarejos de donde proviene la piedra del pretil de la iglesia de Santiago, y junto a las Esperillas, en el Pasillo Móstoles, debió existir un monasterio pues quedan restos como partes de molinos de aceite. Después los árabes conquistarían casi toda España. En el centro se asentaron tribus bereberes del Norte de África. En Santa Cruz quedan restos árabes en Los Villarejos y Villar del Saúco (Virgen de la Paz), además del castillo de Alboer, que pertenecían a la provincia o Kora de Santavariyya (Santaver=Ercávica, Cañaveruelas, Cuenca).

Santa Cruz de la Zarza es un pueblo de repoblación fundado por la Orden de Santiago entre 1174 y 1193. En 1171 la Orden recibe el término del Castillo de Oreja y un año después el de Alharilla, entre los que se encuentra Santa Cruz. Desde 1174 la Orden establece su sede en Uclés, cabeza del Priorato de su nombre. Con estos términos, ganados en pleito al Obispado de Toledo, dice el cronista López Agurleta que: se dio más seguro Don Pedro (Primer maestre de Santiago) a poblar las seis leguas de Vega del Tajo, desde la junta con Xarama, hasta Alboher.

En 1210 las iglesias de Santa Cruz pertenecen al obispado de Cuenca, con el que pleiteará durante años la Orden de Santiago. En 1253 siendo maestre de la Orden D. Pelayo Pérez, recibe Fuero Santa Cruz de la Zarza. En este documento se expresan los términos del municipio, que abarcan los anteriores lugares de Alboer, Testillos, Villar del Sauco, Villarejo Seco y Villaverde. También se concede a la Villa un día de mercado franco a la semana.

La Villa estuvo fortificada y llegó a contar con casi una veintena de hidalgos de cuyas casas solariegas, con blasón heráldico, se conservan buenos ejemplos en la calle Mayor, calle Chacón y calle Juan Cano. Desde sus inicios contó con un gran arrabal poblado por moriscos y judíos que se agrupaban en la colación de la parroquia de San Miguel, mientras que los nobles y villanos o habitantes del recinto amurallado, lo hacían en la iglesia de Santiago.

El pueblo se levantó junto al cerro de la Iglesia de Santiago, aprovechando las aguas de los manantiales de Los Caños, que fueron acondicionados con el sistema de minas de agua o qanats en época Moderna. Contó con una Casa de la Encomienda junto a la iglesia de Santiago, unas casas de la Tercia y posteriormente una de Pósito, los cuales se conservan en relativamente buen estado.

Peor conservado está el convento y la iglesia de los Trinitarios descalzos, que fue construido con fondos provenientes de Perú a finales del siglo XVIII.

El antiguo camino romano seguía en uso en la Edad Media y Edad Moderna, llamado ahora camino de Toledo a Cuenca, uniendo Santa Cruz con las poblaciones vecinas en la dirección de ambas capitales. Hubo una venta en nuestro término, al Oeste, de la que ha quedado en la memoria el topónimo de "Venta Vieja", que aparece en los repertorios de caminos de la época como "Venta del Barranco", refiriéndose al barranco del arroyo de Viloria.

Santa Cruz se mantuvo fiel al rey Carlos I en la Guerra de las Comunidades, sufriendo numerosos daños por ello, así como en la Guerra de la Independencia , cuando acamparon las tropas francesas en el pueblo tras la derrota sufrida por los españoles en la batalla de Ocaña.

otros lugares de interés

• La Cañada Real Soriana Oriental es una vía pecuaria que surca la Península Ibérica de nordeste a sudoeste y atraviesa el término municipal y el núcleo urbano de Santa Cruz de la Zarza.

• La antigua Vía ferroviaria Villacañas-Santa Cruz de la Zarza, sobre la que existe una iniciativa de recuperación del trazado de la línea, en cuyo itinerario puede verse el yacimiento arqueológico de Las Esperillas, la antigua estación ferroviaria de Mudela y la Venta de Juan Cano, antigua hospedería que mentara Cervantes en el Quijote, además de cruzar un bello paraje de monte bajo entre almendros, alamedas y encinas centenarias. Las obras de esta línea férrea se iniciaron en 1937 y en 1965 Renfe, decidió cerrar este tramo. Entre los objetivos de esta recuperación está mantener el dominio público de las infraestructuras y fomentar actividades económicas y de creación de empleo diversificando la oferta turística existente en la comarca y crear un nuevo modelo turístico integrado con el medio. La Vía ferroviaria Villacañas-Santa Cruz de la Zarza, discurre con un trazado prácticamente llano por el antiguo recorrido del ferrocarril que unía este pueblo con Villatobas, Lillo y Villacañas, entre viñedos y almendros, alamedas y encinas centenarias. Entre los parajes que atraviesa esta Vía ferroviaria están entre los de mayor valor ecológico de la comarca. Abundan las perdices, las palomas torcaces, las liebres, los conejos y otras especies de caza menor. La diversidad vegetal se expresa en la existencia de robustas encinas, carrascas, chopos y alamedas que bordean las "cañadas".

• La Atalaya de Montrueque, perteneciente a la línea defensiva del río Tajo durante la época de la Reconquista.

• El Castillo de Alboer también perteneciente a la línea defensiva del Tajo y cercano a Villamanrique de Tajo. Su misión era avisar mediante correos de caballos a los castillos de Uclés y Huete. En este punto se puede decir que comienza la historia de nuestro pueblo con la conquista por parte Cristiana de este punto a los moros.

• La Barca de Villaverde fue un elemento importante en la historia santacrucera. Era una balsa o plataforma transbordadora, sujeta por un cable de acero de orilla a orilla, y servía para cruzar el río Tajo antes de la construcción del puente. Había un barquero, encargado de manejarla, que cobraba por el paso de vehículos y personas.

• El Palacio de Buenamesón situado también en la vega del Tajo, cerca ya de Villamanrique de Tajo. La edificación es de principios del siglo XVII, con puerta rectangular con orejeras planas y de bellos escudos a los lados: uno con flores de lis, media luna y en el escosón un castillo; el otro con bordadura encadenada y un campo con banda.

Santa Cruz de la Zarza es un municipio de la provincia de Toledo (Castilla-La Mancha, España)en el oeste provincial de Toledo,en la comarca de Santiago situado al noreste de la denominada Mesa de Ocaña y al sur del río Tajo. Cuenta entre su casco urbano con 4.929 habitantes (2009).

La evolución problacional a lo largo del siglo quedea reflejada en las siguientes cifras: 1900,4291 hab.;1930 5.976 hab.; 1960, 5.588 hab.; 1970, 4.206 hab.; y 1981, 4.134 hab.

Se encuentra en la zona limítrofe entre las provincias de Toledo, Madrid y Cuenca, y dista 85, 83 y 101 km de sus capitales de provincia respectivamente. Su extensión es de 264,54 km² y su altitud es 790 metros sobre el nivel del mar (msnm).

Limita al norte con los términos municipales de Villamanrique de Tajo y Fuentidueña de Tajo, en la provincia de Madrid; Villarrubia de Santiago y Villatobas, al oeste; Corral de Almaguer y Cabezamesada, al sur, todos ellos en la provincia de Toledo y, Zarza de Tajo, Tarancón, Fuente de Pedro Naharro y Horcajo de Santiago, al este, en la provincia de Cuenca.

Puntos Cardinales
Noroeste Villarrubia de Santiago Norte Villamanrique de Tajo y Fuentidueña de Tajo Noreste Zarza de Tajo
Oeste Villarrubia de Santiago y Villatobas   Este Tarancón y Fuente de Pedro Naharro
Suroeste Villatobas Sur Corral de Almaguer y Cabezamesada Sureste Horcajo de Santiago

Su ubicación en la parte nororiental de la llanura alta conocida como Mesa de Ocañaofrece desde lo alto, con cotas superiores a los 800 msnm, una de las mejores perspectivas sobre el valle del Tajo.

El municipio está ubicado entre dos cerros y conforma dos barrios bien diferenciados. Elbarrio occidental está compuesto en general por edificaciones más populares y espontáneas (como las casas-cueva) adaptándose al desnivel del trazado de calles irregular y tortuoso. El barrio oriental está formado por calles con mejor alineación y experimentó el desarrollo en el siglo XVII, edificándose numerosas viviendas o casas-palacio con profusión de escudos señoriales.

ORIGEN DEL MUNICIPIO

Existen restos de la presencia humana en el término de Santa Cruz de la Zarza que se remontan al final del Paleolítico, en los taludes que abren a la vega del río Tajo.

Del Neolítico, Calcolítico y Edad del Bronce son conocidos numerosos enclaves, igualmente ubicados sobre los frentes de escarpe de la vega del río y los nacimientos de los arroyos de la Fosa del Tajo, al norte del municipio. Los más destacados son los de La Avispa-Fuente de la Calzada, Las Castellanas-Peña de la Muela, sobre el arroyo del Cambrón y la zona del Cerro de las Letras-La Pedregosa, junto al arroyo del Valle.

De la Edad del Hierro se escavó hace años parte de una necrópolis en el paraje de Las Esperillas, y son conocidos otros enclaves similares en La Fuente de la Calzada y Venta de Juan Cano. De esta época, destaca el recinto fortificado de Peña de la Muela, que conserva parte de la muralla, así como una atalaya en los riscos que se abren al Tajo.

En la época romana pervivirá el hábitat en Las Esperillas, Venta de Juan Cano y Fuente de la Calzada. Topónimo este último que hace referencia a una vía romana que unía las ciudades de Toledo y Segóbriga y que ha conservado en parte en los caminos de Ocaña y de Tarancón. También se conoce la existencias de algunas villas de campo en la vega del río Tajo.

Los enclaves visigodos conocidos se reducen a una escasa población en Las Esperillas, donde debió existir un pequeño monasterio, y en Fuente de la Calzada.

Con la llegada de los musulmanes, el poblamiento de Fuente de la Calzada se traslada al vecino Los Villarejos, continúa habitada la Venta de Juan Cano y se erige un pueblo en el paraje de la Virgen de la Paz. Todos ellos serán recogidos como despoblados en las Relaciones de Felipe II: Villarejo Seco, Testillos y Villar del Sauco, respectivamente.

Se conservan algunos restos del castillo de Alboer, de época califal, construido bajo el reinado de Abderramán III. Donado a Santa Cruz de la Zarza en el siglo XIII, hoy pertenece a la provincia de Madrid, en virtud de un deslinde poco ortodoxo realizado a fines del siglo XIX.

Santa Cruz de la Zarza es un pueblo de repoblación fundado por la Orden de Santiago entre 1174 y 1193. En 1171 la Orden recibe el término del Castillo de Oreja y un año después el de Alharilla, entre los que se encuentra Santa Cruz. Desde 1174 la Orden establece su sede en Uclés, cabeza del Priorato de su nombre. Con estos términos, ganados en pleito al Obispado de Toledo, dice el cronista López Agurleta que: se dio más seguro Don Pedro (Primer maestre de Santiago) a poblar las seis leguas de Vega del Tajo, desde la junta con Xarama, hasta Alboher.

En 1242 su creciente importancia la hace, bajo el maestrazgo de Rodrigo Íñiguez, cabeza de la encomienda de su nombre y en 1253, el maestre de la Orden de Santiago, don Pelayo Pérez Correa le concede fuero. En su casco urbano hay un gran número de casas-palacio con abundancia de escudos señoriales.

naT1 CRUZ DE SANTIAGO